La tecnología no es solo lo que aparenta
Erase una vez dos niños llamados María y Pablo, iban a segundo de primaria, y habían ido siempre a la misma clase lo que les había convertido en mejores amigos. Un día María vio que Pablo estaba un poco triste y le preguntó qué le pasaba. Pablo le dijo que tenía una mala noticia que contarle. Se iba a tener que mudar a Londres porque a su padre lo trasladaban a trabajar allí, y él tendría que estudiar en Londres. Cuando María lo escuchó se puso muy triste porque no quería separarse de él. Al medio día, cuando María llegó a su casa se lo contó a sus padres y se metió a la habitación a llorar.
Llegó el día de la despedida y tras decirse adiós los dos, pensaron que nunca más sabrían el uno del otro.
Después de varios años y de que la tecnología fuera avanzando, aparecieron los primeros ordenadores con conexión a internet, móviles y redes sociales.
Cuando María cumplió la mayoría de edad tuvo su propio móvil. En ese mismo instante, se le ocurrió la maravillosa idea de buscar a su mejor amigo Pablo por una red social. Ella buscó en Instagram su nombre y sus apellidos. En cuanto lo encontró le solicitó amistad, y este rápido aceptó a María. Ellos pudieron ponerse en contacto e intercambiaron sus teléfonos; hablaron de cómo les iba la vida, se vieron en diferentes fotos para ver cómo habían crecido. María muy ilusionada le dio las gracias a sus padres por haberle regalado un móvil, porque así podía hablar con su amigo tantas veces como ella quisiera.
Al día siguiente María le pidió a sus padres si podían irse los 3 de vacaciones a Londres para visitar la ciudad, y así ella podría ver a su amigo en persona. A sus padres les pareció una buena idea.
Así que tras organizar el viaje se presentaron en Londres donde María pudo reencontrarse con su mejor amigo de la infancia gracias a las nuevas tecnologías.
